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MARÍA LAURA CUMPLE VEINTE AÑOS

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  Sentada en el el comedor de su casa, María Laura lee con emoción la carta que le envió su tía Rosario, con motivo de su cumpleaños. "Hoy es un nuevo renacer para ti, querida sobrina. Disfruta cada momento, pues ya no volverá. Disfruta a cada persona que tengas cerca, no sabes hasta cuándo estará. Disfruta lo que tienes y agradece infinitamente. Cada instante de tu vida cuenta, gózalo, como si fuera el último que vives, lo que no te gusta, cámbialo, lo que te agobia, lo que te enoja , te entristece, te preocupa, te estresa, está en tus manos transformarlo para vivir mejor, ser feliz y estar en paz, tu tienes el gran poder de hacer de tu vida lo que quieras, comienza a pensar positivo, a ver las cosas desde otro punto de vista, a entrenar tu mente día a día para estar bien, no para sufrir, si no para gozar, no para sobrevivir si no para vivir plenamente en amor. Que Dios te bendiga hoy, y siempre. ¡Felicidades! Eres el motor de tu existir".

PARA QUE UN DÍA...

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Se aproxima Navidad y fin de año. Sin duda, esos días son los mejores para pasar tardes tranquilas y perezosas, sentados en el sofá, con una taza de té o café, o simplemente, mirar el tiempo lluvioso y el agua que gotea por la ventana. Sin embargo, en este día gris, Mariela, no puede dejar de visualizar las imágenes que acuden a su mente. Está muy triste, lee los diarios y sabe que hay dolor, hambre y miseria en el mundo. Piensa que los hombres están equivocados, que las mujeres olvidaron su papel de creadoras de paz. Siente que el mundo se agita desde sus entrañas, como si un terremoto tratara de partirlo en mil pedazos.  Y tiene miedo de vivir. Es lógico, sus veinte años solo piden amor, lo necesita, porque empieza a vivir. Piensa que también, que lo anhelan los que están terminando el largo camino de la vida. ¿Por qué si niños, jóvenes, adultos y ancianos, todos necesitan paz y amor, alimentan el demonio del odio, de la ambición, de la guerra? ¿No habrá llegado el mome...

NADA MÁS QUE EL TABACO

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-Es el tabaco, de hoy en adelante, ni un cigarrillo más.. - Dijo el médico. Sara lo miraba. El médico hizo una receta y se la extendió. Sara lo acompañó hasta la puerta. Sentía un dolor sordo en el pecho. Qué lejana, antigua, perdida, parecía su juventud. A veces, revolviendo fotografías, se veía a sí misma con el cutis liso, pero ni aún así, se veía joven. La angustia la sobrecogía. Pensaba en sus dos hijos, ya casados... en sus hermanos muertos, en sus hermanos vivos. Eran seis hermanos y no advertían la pobreza. Cómo advertirla, si en el barrio eran todos tan pobres, como ellos. Pero los chicos no entendían el significado de los suspiros de la madre o los silencios pesados del padre. Dormían repartidos en tres camas estrechas, en las que se revolcaban jugando, locos de alegría, hasta quedar dormidos y sonrientes. Ninguno de los hermanos hizo fortuna. Habían, sí, salido adelante en medio de una pobreza decorosa. El menor se llamaba Benjamín. Tal vez, por eso, lo bautizaron con ese no...

MUJER

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Mi abuela Elisa me había entregado esta carta cuando cumplí dieciocho años. Hoy, a los veinticinco, la releo con el mismo fervor de aquel entonces, cuando finalizaba mi adolescencia. -Eres una mujer de hoy, a veces, parece romántica, deportiva, audaz o tímida, tal como las circunstancias te lo imponen. Hay un ritmo y lo sigues, porque no puedes detenerte, El hombre verdadero (sin complejos de inferioridad), te admira y valora por tu superación e inteligencia. Alguna vez se cohíbe ante tu fuerza, tu seguridad, tu claridad mental para enfocar pequeños y grandes problemas de la vida actual. Y es entonces, cuando algunos declaran que has perdido femineidad. No es exacto. La femineidad no es demostrar miedo a la vida, no es pedir ayuda para los más insignificantes esfuerzos; no es llorar porque sí y como solución a los problemas, no es quedarse detenida en el pasado, añorando sistemas, estilos. Eres mujer y te asumes como tal con todos los derechos y deberes que demanda el momento que v...

LAS FLORES

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Eran las cuatro de la tarde. Irremediablemente, los atardeceres entristecían a Laura. Desde la remota época de su adolescencia, la melancolía la sumía en diferentes pensamientos. Comenzó a recordar cuando Daniel y ella eran novios. Se habían conocido cuando trabajaba de vendedora en una boutique en el barrio de Flores, y él siempre la esperaba a la salida de su trabajo con un caramelo o alguna flor. Con la ayuda de los padres de Daniel y con lo que ellos mismos aportaron, pudieron comprar un pequeño departamento de dos ambientes que compartían desde que se habían casado. Daniel quiso que Laura dejara su empleo porque no era bien remunerado, y consideraba que con sus dos trabajos, él podría mantener el hogar. Ella accedió al deseo de su marido... se ocupaba de la casa, a veces, salía con sus amigas, y recibía visitas de sus familiares. Fue muy feliz durante los primeros años de su matrimonio. Daniel siempre regresaba a casa con un regalo sorpresa para ella: una revista, una golosina...

UN CORAZÓN DIVIDIDO

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Con la mano sobre la valija cerrada, me miró por última vez. -¿Qué vas a hacer, Marina? -Tener a mi hijo, Miguel, sola. -No. no podés, no debés... ¿Querés hacerme sentir como un miserable? -No, no es así, defiendo lo mío, como vos defendés lo tuyo. - Miguel estaba desocupado hace un tiempo, e iba a viajar al exterior para probar suerte y conseguir un trabajo. Yo no quería acompañarlo. -Es mi vida la que defiendo. -Está bien. Yo hago lo mismo con la mía. Podría acusarlo, podría buscar adjetivos para reducirlo. Los demás lo harían. Yo, no. Yo sabía que estaba más allá de sí mismo. Que debía irse para probar lo que nunca había probado en verdadera lucha. Huía de todo lo que le causaba miedo. Huía de mí, de su hijo, de la vida que impone condiciones. No quise acusarlo de nada. Era un ser débil y derrotado desde el principio. Pasaron muchos años cuando volvió. Danielito había cumplido quince años. Miguel volvió igual, pero más viejo. Años de nada y nada. Ni una mujer en su vida. Si...

LA TRIUNFADORA

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Zulema llegó a su casa, cansada. Hoy había tenido  dos reuniones importantes, y por la noche, una cena en agasajo a un poderoso empresario. -¿Cómo se resolvió aquel asunto?? - Preguntó María. -Bien, llegamos a un acuerdo. Zulema había puesto cuerpo y alma para crear una empresa, que desde hace veinte años, marcha sobre rieles. María la admira, por su carácter, su personalidad, su afán de progreso, su lucha para alcanzar la meta propuesta. Al igual que María, todos la ven como es desde afuera. Una de esas mujeres fuertes que entiende de política, de negocios, de cambios, incluso de los ciclos repetidos y eternos de los pueblos que luchan por liberarse de tutelas. Sabe muchas cosas, estudió años y años, vivió después perfeccionando lo que había aprendido y llegó.   A una meta de triunfos, de éxitos, de dinero. Entonces, los otros, que aún no llegaron, los que tal vez, no hicieron los esfuerzos que ella hizo, la envidian. También la critican o la alaban, según...

EL LLAMADO

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Mientras estaba en el boliche que administraba, Lucas llevó una mano al bolsillo, sacó la carta y volvió a leerla -No es que recurro a vos porque te creo obligado hacia mí, pero en estos momentos no me queda otro remedio. ¡Te necesito Lucas! Encendió otro cigarrillo y se dijo que la carta le molestaba mucho, no porque le pidieran algo, sino porque significaba que hacía mucho tiempo que no veía a la madre de su amigo Damián. La carta de Irene, la madre de su gran amigo de la infancia, le recordaba cosas que nunca pudo olvidar. Cuando llegaban juntos de la escuela, Irene lo atendía con mucho cariño, igual que a su hijo. Les servía la leche, los ayudaba a realizar las tareas escolares para el día siguiente, y luego los dos jugaban o miraban televisión, hasta las ocho de la noche, cuando regresaban sus padres y lo llevaban a su casa. Ellos atendían un almacén, y se ocupaban de él al regresar a casa. Damián y él, vivían en casas lindantes y asistían a una escuela de jornada co...

TAL VEZ SEA CIERTO

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Me pregunto dónde quedó la adolescencia. Mi madre me dice. -Estás perdiendo tus mejores años. - Yo niego. -No estoy perdiendo nada. - Te defiendo. Y me cuelgo una sonrisa en mi boca, y adelanto mi paso por la calle. Pego láminas en las paredes de mi pieza. Yo no sé si te quiero. Solo sé que todavía me hace falta tu presencia para sentirme segura de lo que soy y de lo que siento. Le tengo miedo al tiempo, a los años, a la soledad... a las distancias. Ayer saqué los ahorros que tenía guardados para las vacaciones, combiné mis horarios de la manera que pude, saqué un pasaje de avión que guardé rápidamente en mi cartera, para no arrepentirme, para no devolverlo. Mandé un telegrama que te avisa de mi llegada, para que no te sorprendas demasiado; y voy a ir aunque mi llegada te resulte inoportuna. Allá, cuando estemos otra vez, frente a frente, cuando estemos en ese sitio aislado que nunca nos conoció juntos, voy a saber si te molesta mi llegada, voy a saber si podemos convertirla en una fie...

UNA ETAPA DE LA VIDA

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Carmen no soportaba el dolor de su hija, no le alcanzaban las palabras para consolarla. Ayelén no podía superar el dolor, la tristeza que le ocasionó la ruptura con Damián. Aunque había transcurrido un tiempo prudencial desde que dejaron de verse, aún recordaba la dicha compartida con su pareja, y no lograba comprender las razones que esgrimía Damián para justificar su actitud. La dejaba por otra... Ayelén se preguntaba cuándo él dejó de amarla, nunca imaginó ese triste final para los hermosos años de convivencia. Estaban sentadas en los sillones del comedor, Carmen le daba a su hija sabios consejos. -Hoy te toca en carne propia el dolor que alguna vez has dado a otros. Te han dicho que no te quieren más. Y lloraste, recriminaste y te convertiste en una pequeña fiera acorralada porque el dolor te quemaba el alma. Tienes que comprender que el amor se comparte, dando y recibiendo; que si el otro dejó de sentirlo, no debe mentir ni engañar. Que si alguien le inspiró un cariño más pote...

LAS OTRAS HISTORIAS

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-Yo sabía que un día iba a encontrarte, que ibas a llegar a mí, Emilia. - Dijiste, Matías. Nos presentaron unos amigos. Era nuestro tercer encuentro. Caminamos hacia Retiro. Un barco con las luces encendidas en el puerto, parecía un árbol de Navidad, o la vidriera de una juguetería. Esta vez, siento que todo es nuevo, como para los ojos de una niña que ha nacido hace poco. Las campanadas del reloj de la Torre Monumental dando las ocho. La noche derramándose como un tintero roto, vos, clavándome las uñas en la palma de mi mano, y yo, sintiendo que ese dolor alegre me curaba todas las heridas anteriores, dejándome entera y luminosa, como esa luna, que alumbra apenas los senderos de las plazas de Retiro. Dos pasos y un abrazo. Dos pasos y un beso. Dos pasos y una risa sin ton ni son. Y a cada paso, cada vez menos miedo, más lejanas las tristezas. Si ésta fuera una historia así, sin antes, sin otras dos historias convergiendo como dos ríos en un mismo mar, yo podría creer en vos, Matía...

CARNAVAL

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La ciudad efervescente de colores y música. Pieles cobrizas, pelo largo y pulseras enormes jugueteando en el brazo. Lía se sintió fuera de lugar. Cuando llegó el Carnaval sintió verdadero miedo. Iban a hacer un baile de disfraz. Irían los amigos de siempre. Reirían. Bailarían. Serían despreocupadamente jóvenes. -Dejate de pavadas, yo no estoy para eso. - Le dijo a su sobrina, pero finalmente, Karina la convenció, y sacó de una caja, una peluca rubia, un antifaz negro, y un vestido largo y liviano. -Sos otra. - Exclamó Karina. Entonces, Lía decidió ser otra, joven, libre, reír a carcajadas y dejarse tomar una mano. -Me gustás, Laura. - Exclamó Roberto. Porque había sido capaz de ser Laura, con peluca y aire ajeno. -Mañana quiero verte, en la rambla, a las siete. -Bueno, pero ahora dejame, estoy muy cansada. - Y subió a su cuarto. Debajo de la peluca, era Lía. Las serpentinas seguían confundiéndolo todo, de la puerta para afuera. Las serpentinas y el miedo. Y Roberto, que iba a ...

LA RECETA

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Creo que Leandro tenía razón. Estoy celosa. No me agradó reconocerlo, pero me tranquilizó saber que a doña Elvira, mi suegra, le había pasado lo mismo. Recién después de que nació Juan Manuel, me confesó la receta de lo scones "especiales" y una tarta de ricota que Leandro adoraba. Y esa señora Estela, se enjuga las lágrimas con un diminuto pañuelo de broderie. Tal vez, ella está viendo a Paula con su traje de primera comunión... Leandro busca mis ojos; sí, están húmedos. Hice bien en no abusar del rimmel. Los muchachos se besan, un beso presuroso y tímido. Y Leandro y yo, nos sentimos como dos chicos que están perdidos en el bosque y buscan el camino de regreso a casa. La marcha nupcial irrumpe con su música y vamos siguiendo a la pareja sobre una alfombra roja. Forman una linda pareja. Dios quiera que sean felices. Hace veintiocho años, cuando me casé, tenía menos miedo que hoy. A medida que pasan los años, los miedos aumentan. Durante veintisiete años, viví preocupada cada...

HOMENAJE A ISABEL

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Nosotros, sus amigos, queríamos mucho a Alejandro e Isabel... A pesar de las dificultades económicas, ellos se casaron una hermosa tarde de octubre. Todos fuimos testigos de su felicidad. Ambos trabajaban en relación de dependencia. Supimos que, todas las tardes, después de ocho horas de trabajo, Isabel volvía a casa, apurada, a preparar la cena para Alejandro, a arreglar lo que no había tenido tiempo de arreglar por la mañana, a prepararse para el día siguiente. Una tarde, al volver de la oficina, recibió una llamada telefónica en la que le comunicaron que Alejandro se había  desmayado, debido a una bajada repentina de presión arterial. Entonces, Isabel volvió a ponerse el abrigo, apresuradamente salió a la calle, y un auto la atropelló... Varios días después, abrió los ojos trabajosamente, en el hospital. Vio a Alejandro blanco, tembloroso, despeinado, barbudo, porque en tres días no se había separado, ni un solo instante, de la cabecera de Isabel. Nosotros, sus amigos, nos retir...

LA QUE NUNCA VIO EL MAR

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No conociste el mar, mamá. Y te hubiera gustado conocerlo. Lo supe casualmente el otro día, hablando con una tía. Te fuiste al silencio sin conocer el mar. Eras tan joven, mamá, el día de tu muerte. Seguías siendo tan joven en los retratos, con ojos de niña, que salió del pupilaje para casarse y tener tres hijas. Cuando nosotras tres, chicas y torpes, nos trepábamos sobre tus rodillas, te enredábamos con nuestras caricias y te pedíamos que nos contaras un cuento, tal vez te distraías imaginando el mar. Y tenías un aire soñador. Yo quiero darte el mar, mamá. Su luz, su espejo, que hace entornar los ojos y cambia de velos de colores: de gris, de malva, de azafrán, de violeta - y de verde -, como a vos te gustaba. Yo quiero darte el mar, mamá. Su gusto a sal y a yodo, que deje alrededor de la boca un borde blanco, como la estela de un barco. Vos le hubieses gustado, tan menuda, tan frágil, diciéndole tus versos, dejando en sus mejillas las huellas de tus pies. Ah, ...

MI MADRE

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Ayer me recibí de ingeniero agrónomo. Fue un esfuerzo que pude realizar exitosamente porque se me brindaron todas las condiciones para lograrlo. Mi madre me acompañó en largas noches de estudio, con su presencia, con sus tazas de chocolate humeante, con su sonrisa, con su beso dejado sobre mi cabeza, con una mirada, con el apretón de manos que me transmitía su fe. Y como premio, mi padre, que es muy honesto, me confió su secreto y su pecado. Me pidió perdón, tuve un momento de sobresalto, y después, sentí algo de pena por él. Pudo haberme hecho mucho daño esa sinceridad que llegaba a mi vida después de veinticinco años, pero no me lo hizo. No, porque yo sé que ella se siente mi madre, y yo, su hijo. Esa es la única verdad y nada puede modificarla. -Yo no te juzgo papá, yo te amo. -Gracias, hijo. Lo que papá me contó, ya no me interesaba. Lo que me importa ahora, es revivir la emoción de mi madre de siempre, de esa que conocí desde que abrí los ojos, esa que me arropó, me dio besos y ve...

CENIZAS AL VIENTO

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Hoy, después de tantos años, por fin me atreví a cruzar la puerta de esta habitación. Fue como si diera un salto en el tiempo. Un retroceso a las épocas felices en las que llenabas la casa con el sol de tus risas y tu alegre corretear por el pasillo... La vida sigue, a pesar de nuestro egoísmo de padres, los hijos crecen y nos desbordan, nos hacen viejos e inútiles, y nos dejan como a los muñecos, colgados en las paredes de los años. Estoy muy solo, hija mía. Sí, a pesar de todo, sigues siendo mi hija. No importa qué clase de sangre corra por tus venas, aún a pesar tuyo, eres mía. Porque el derecho a llamarse padre no es un producto de un mero accidente, de un hecho circunstancial. Se gana día a día. Eres mi hija porque yo te acuné entre mis brazos sintiendo los latidos de tu pequeño corazón. Nunca tuve problemas con tu madre, nos comprendíamos demasiado como para tener diferencias. Ella, que me trajo a tu existencia, para darte un padre, partió de este mundo al final del vera...

LA OLVIDADA

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Fue en la calle. La vi con el tapado rojo y el pelo suelto, la frente despejada y unos ojos transparentes y azules como el cielo de la mañana. Era joven, hermosa... Apretaba en sus manos un ramillete de violetas, y era como apretar la evidencia de estar enamorada y de que alguien la amaba. La vi, y el pasado me sacudió la fina ceniza que llevaba en los hombros, y la turbia fatiga que empañaba mis días actuales, llenos de horarios respetados, de cuentas exactas, para llegar a fin de mes sin déficit. La vi joven, hermosa, alegre, amada, con flores en las manos. Igual a ella, "la olvidada". ¿Cómo se fue durmiendo su recuerdo a lo largo de estos siete años? Se me traspapeló entre el cansancio y la lucha, entre los llantos y las voces de mis hijos creciendo, haciéndome preguntas, trepando a mis rodillas, pareciéndose a mí. Ella, "la olvidada", la olvidada por mí, que la amé y la amo con lo mejor de mí... y hasta olvidada por ella misma. Y yo, Lucía, sin darme cuenta, sin...

LA ESTATURA

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Lo vi en sus ojos desde el primer momento. En cuanto toqué el timbre de la casa y ella corrió a abrirme la puerta con la larga trenza rubia saltando sobre la espalda.  -¿Papá? - Me preguntó, dudando un poco. -Creí que eras más alto. Se mordió los labios, se frotó la nariz con la manga del pullóver. Yo no podía decir nada porque las lágrimas me ahogaban. Y me hubiese puesto a llorar ahí mismo, si Sofía no hubiese aparecido por el pasillo, serena, calma, haciendo, como siempre, lo que corresponde. -Te estábamos esperando, Enrique, entrá. Y me ofreció su mejilla levemente ruborizada. El olor de la casa era el mismo de siempre, el que perfumaba nuestros recuerdos, el que se desprendía de las cartas que Yanina me mandaba desde que empezó a escribir. Un olor que me permite reconstruir la casa palmo a palmo, el ruido de los pasos de Sofía, el ruido de los pasos de mi hija, unos pasos cortitos e inseguros, los únicos pasos que había escuchado de ella, cuando tenía un año y medio. -¿Le dist...

LA CARTA

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Fiel a su vocación, Pedro se dempeñaba como director de aquella escuela alejada de la población, ubicada en Pampa de Achala, en Córdoba. Una zona serrana árida e inhóspita, sin caminos de acceso, habitada mayormente por pastores de ovejas y cabras. -¿Cuándo va a venir la señorita nueva? Preguntaba Fátima a su maestro. Porque Pedro se desempeñaba también como maestro de grado, debido a que la señorita Cecilia se había marchado, renunciando a su cargo; y anteriormente, también había dimitido la señorita Patricia, debido a las difíciles condiciones climáticas y a todas las dificultades que se presentaban en el lugar. -Estamos esperando que lleguen los nuevos nombramientos, Fátima, no sé cuándo vendrá la maestra nueva. Respondía Pedro a Fátima y a otros alumnos que insistían preguntando lo mismo. La escuela funcionaba también como albergue; los chicos iban a clase, comían, practicaban deportes, cuidaban la huerta, jugaban... Una camioneta los llevaba y traía de Mina Clavero, transportaba a...

EL AMOR A LOS LIBROS

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Francisco era el dueño de una librería. Adoraba los libros. Por la delicadeza que sus manos, largas y pulidas; con la suavidad con que los hojeaba, dejando resbalar su dedo índice entre página y página, hasta en su manera de mirarlos, se comprendía, el cariño entrañable que le inspiraban. Pareciera que al tocarlos, temía hacerles daño, los manejaba como si fueran flores. Con semejante personalidad, Francisco tenía sus "cosas". Una mañana, entró en la librería un señor, pidiendo una obra. Francisco, diligente y amable, se la ofreció enseguida. El adquirente examinó el volumen, y después de abonar su importe, solicitó, como es lógico, un papel para envolverlo. Francisco no supo reprimir un gesto de disgusto. -¿Cómo? ¿No quiere usted llevarlo así?... ¿Prefiere usted llevarlo envuelto? - Exclamó. -Si, señor, supongo que no habrá inconveniente... -Ninguno, absolutamente ninguno. Aquí estamos para servir y complacer al público. Y levantando la voz, para que la oyera su dependiente,...

SED

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  En el campo, la lluvia faltaba desde hacía meses. De tanto en tanto, aparecía una nube blanca, que después, desaparecía, ahogando la esperanza de un aguacero. El campo tenía sed. Las plantas tenían sed. Los animales tenían sed. El agua se había convertido en un líquido cristalino y precioso. En el rancho del viejo Ruperto, como en todos los ranchos de la vecindad, faltaba el agua desde hacía mucho tiempo, Él casi no hablaba con Juana, su mujer, y se pasaba horas mirando la tierra seca, estéril.. En cambio, la desesperación hacía hablar a Juana y cuando empezaba a llorar, Ruperto se escapaba de ella como del diablo. Se internaba, solo, entre los árboles, se acercaba a la laguna reseca, que mostraba un fondo blanco y salitroso. Después, cansado, se sentaba aprovechando alguna sombra de tala, y se ponía a evocar campos verdes, ebrios de trigo y maíz, florecientes como en eterna primavera. La hija de ellos había fallecido hacía dos años, y su hermosos niño, vivía en el rancho. Juana ...

¿CUÁNTAS VECES VEMOS EL SOL?

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Salió el sol. Un sol brillante, brilla como si recién se estrenara en el cielo. ¿Pero cuántas veces lo vemos?. Hoy lo veo. Hoy es lunes, comienza la rutina de la semana, de nueve a diecisiete encerrada en el archivo. Atiendo el teléfono, busco fichas que me piden, soy rápida, eficiente, saludo al entrar y al salir. Tengo un hermano en Entre Ríos, con el que evoco el pasado. Sólo nos vemos cuando él viene a Buenos Aires. Hoy estoy escribiendo porque soy feliz, el sol sigue brillando y puedo sonreír por el pasado y sonreír ahora, metida en el archivo, con la ventana abierta para que entre el sol. Mi hermano y su mujer se trasladaron a Buenos Aires por las tramitaciones que ella debe hacer por un terreno, y para que Lucas no soportara un día de tanto trajín, lo dejaron a mi cuidado. Y juntos planeamos un domingo diferente para los dos. Café con leche con medialunas en la confitería, y después la pelota corriendo sobre el pasto tan verde, corríamos y reíamos, corriendo hasta las piernas de...