UN CORAZÓN DIVIDIDO


Con la mano sobre la valija cerrada, me miró por última vez.
-¿Qué vas a hacer, Marina?
-Tener a mi hijo, Miguel, sola.
-No. no podés, no debés... ¿Querés hacerme sentir como un miserable?
-No, no es así, defiendo lo mío, como vos defendés lo tuyo. - Miguel estaba desocupado hace un tiempo, e iba a viajar al exterior para probar suerte y conseguir un trabajo. Yo no quería acompañarlo.
-Es mi vida la que defiendo.
-Está bien. Yo hago lo mismo con la mía.
Podría acusarlo, podría buscar adjetivos para reducirlo. Los demás lo harían. Yo, no. Yo sabía que estaba más allá de sí mismo. Que debía irse para probar lo que nunca había probado en verdadera lucha. Huía de todo lo que le causaba miedo. Huía de mí, de su hijo, de la vida que impone condiciones. No quise acusarlo de nada. Era un ser débil y derrotado desde el principio.
Pasaron muchos años cuando volvió. Danielito había cumplido quince años. Miguel volvió igual, pero más viejo. Años de nada y nada. Ni una mujer en su vida. Simplemente el vacío.
Podría haberle dicho que no, ¿Para qué? Danielito había imaginado a su padre. Yo no lo había hecho morir, como en la historia clásica. Además, hubo demasiado dolor, como para sumarme el remordimiento de no acoger a aquel ser débil que yo había protegido un día. Quizás, el había comprendido muchas cosas, o tal vez, a medias... sé que tuvo miedo de que le dijera que no. Sé que decidió pagar con esta vida que lleva ahora. Vida de observarme y preguntarme si soy feliz, y de hasta pedirme perdón, de a ratos. Lo acojo a mi lado como a un pobrecito que nunca sabrá mucho de los demás. Puedo ser su amiga.
Puedo felicitarme de haber tenido un corazón entero en el momento en que tuve que elegir, y elegí a mi hijo.
Puedo soportar tener ahora un corazón dividido, herido; y sin embargo sonreír cuando él me trae las flores que yo esperé casi veinte años atrás, o pone chocolatines bajo mi almohada.
¿Adónde hubiera ido si no estuviera a mi lado?. Fue mi único hombre. Lo amé. Lo miro ahora, como si nunca hubiera podido ser más de lo que es. Después de todo, mi hijo es un hombre distinto a él, porque lo he hecho yo. Por piedad, dejo que Miguel lo comparta conmigo. Soy una mujer que quiere dar paz, desde su pobre corazón dividido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

TU NOMBRE ES VIOLETA

9 DE JULIO

EN POSITIVO