TU NOMBRE ES VIOLETA
Tu niñez transcurrió unida a mi niñez aristocrática, y llegada la adolescencia, te amé por sobre todas las barreras sociales. Tus ojos brillaban más violetas que nunca. Comenzaste a ser mujer y a enredarte en el juego del amor que mis ojos te proponían, deslumbrados por tu nueva imagen.
Y una tarde te besé rodeando con mis manos el arco de tus caderas bien formadas. Temblaba y temblabas en un anhelo de cuerpos juntos, de nuevos besos, de nuevas ansiedades.
Fuiste mi primera novia, Violeta.
Y transcurrió un año, el año en que falleció mi padre. Nuestra antigua casona se vistió de duelo. Debí asumir otras obligaciones y partir lejos, muy lejos. Te escribí, noviecita... hasta que creí olvidarte.
Ya era definitivamente un hombre, y estaba entregado a placeres muy distintos a los que compartíamos. Pasé muchos años de vida bohemia, hasta que me casé con una muchacha que encajaba perfectamente en el cuadro familiar, y sabía que no disgustaría a mi madre.
No volví a la casa de mi infancia. Fui feliz y muy desgraciado, muy desgraciado en mi matrimonio. Lo perfecto en apariencia era imperfecto en el fondo. Descubrí la grieta cuando ya era tarde.
¿Qué pasó después? Tuve un hijo, una fortuna que no supe cuidar demasiado. Tuve culpas, remordimientos. Tuve el duelo de la muerte de mi mujer. Tuve soledad y ansias.
Han pasado muchos años, Violeta. Tantos, que sobre tu cabeza y la mía ha caído la nieve plateada del invierno, Ni vos ni yo, somos los mismos. sin embargo, algo sin palabras nos une. Quizás, la mágica pradera de la infancia, o quizás, algo más tangible en el recuerdo: tus ojos violetas.
¿Es tan absurdo, Violeta, que aún te ame? ¿Es tan absurdo que en medio de la soledad, pida que me perdones?
No sé si me recuerdas, pero yo te recuerdo y estamos juntos. Desandamos los caminos conocidos, y sin necesidad de tu mano en mi mano, te sonrío, pequeña Violeta.
Hay amores que perduran toda la vida, a pesar del tiempo y de la distancia. Hermoso cuento!! Gracias por compartir.
ResponderEliminar