LAS FLORES


Eran las cuatro de la tarde. Irremediablemente, los atardeceres entristecían a Laura. Desde la remota época de su adolescencia, la melancolía la sumía en diferentes pensamientos. Comenzó a recordar cuando Daniel y ella eran novios. Se habían conocido cuando trabajaba de vendedora en una boutique en el barrio de Flores, y él siempre la esperaba a la salida de su trabajo con un caramelo o alguna flor.
Con la ayuda de los padres de Daniel y con lo que ellos mismos aportaron, pudieron comprar un pequeño departamento de dos ambientes que compartían desde que se habían casado. Daniel quiso que Laura dejara su empleo porque no era bien remunerado, y consideraba que con sus dos trabajos, él podría mantener el hogar. Ella accedió al deseo de su marido... se ocupaba de la casa, a veces, salía con sus amigas, y recibía visitas de sus familiares. Fue muy feliz durante los primeros años de su matrimonio. Daniel siempre regresaba a casa con un regalo sorpresa para ella: una revista, una golosina, un ramo de flores, un perfume... Vivían profundamente enamorados. Paulatinamente desaparecieron las atenciones de su marido, casi no existía el diálogo entre ellos. Apenas se saludaban, hablaban poco y las respuestas de él se limitaban a monosílabos. - Es evidente que tiene otra mujer, ya no me quiere -. Pensaba tristemente Laura. Suponía que los vecinos lo sabían y la miraban de un modo especial. Ya no salía con sus amigas, ni hablaba del tema con su madre. Tampoco cambiaba con frecuencia las flores del florero de la mesa del comedor. Le encantaban las flores, cultivaba un pequeño jardín en el balcón del departamento. Se encontraba ahí, cuando a las siete de la tarde llegó Daniel, la saludó con un beso, y sin comentarios se dirigió al comedor. Laura lo siguió, tenía un nudo en la garganta y no pudo contener el llanto.
- ¿Qué te pasa? Preguntó Daniel, y mirando las flores secas del florero, ella respondió
- Esas flores soy yo, yo también estoy seca
- Y también yo - Continuó diciendo él
- ¡Vos! ¿vos por qué?
- Porque siempre vengo cansado del trabajo haciendo horas extras para que no te falte nada, y cuando llego, te encuentro lejana, distante ¡como si ya no sintieras nada por mí! Respondió Daniel
- ¡Vos sentías todo eso? ¡a mí me pasaba lo mismo!
- Olvidamos hablar Laura, decirnos todo.
Secándose las lágrimas con las manos, ella besó a su marido y comentó
- El amor es como las rosas, si no las renovamos, se secan en el florero, y si no regamos el jardín, las perdemos.
Permanecieron abrazados y luego salieron al balcón a respirar aire fresco.         

Comentarios

  1. Estela Andrea Rodríguez16 de octubre de 2023 a las 14:44

    A veces, la falta de diálogo en la pareja, deriva en situaciones como la que narra este cuento; lo bueno es recapacitar a tiempo. Gracias por compartir.

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  2. La situación que describe este cuento, lamentablemente, suele ocurrir en la vida real.

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