LA OLVIDADA
Fue en la calle. La vi con el tapado rojo y el pelo suelto, la frente despejada y unos ojos transparentes y azules como el cielo de la mañana.
Era joven, hermosa... Apretaba en sus manos un ramillete de violetas, y era como apretar la evidencia de estar enamorada y de que alguien la amaba.
La vi, y el pasado me sacudió la fina ceniza que llevaba en los hombros, y la turbia fatiga que empañaba mis días actuales, llenos de horarios respetados, de cuentas exactas, para llegar a fin de mes sin déficit.
La vi joven, hermosa, alegre, amada, con flores en las manos. Igual a ella, "la olvidada". ¿Cómo se fue durmiendo su recuerdo a lo largo de estos siete años? Se me traspapeló entre el cansancio y la lucha, entre los llantos y las voces de mis hijos creciendo, haciéndome preguntas, trepando a mis rodillas, pareciéndose a mí. Ella, "la olvidada", la olvidada por mí, que la amé y la amo con lo mejor de mí... y hasta olvidada por ella misma.
Y yo, Lucía, sin darme cuenta, sin necesitar darme cuenta, porque los hombres somos así... un poco ciegos, y un poco torpes, capaces de creer que basta con querer a una mujer, sin decírselo, sin demostrárselo abiertamente, para hacerla dichosa.
Y ahora que he visto a esa chica por la calle, tan feliz, tan parecida a vos (a vos, antes), me he sentido culpable, egoísta, tonto... Y me he prometido, querida Lucía, compañera de siete años, llamarte por teléfono, citarte en una plaza, pedirte que te sueltes el pelo, que te pongas el tapado rojo...
Y que no lleves guantes, por favor, porque mis manos y las flores que voy a regalarte van a estar más contentas con el contacto suave de tu piel

Hermoso cuento, el protagonista trata de evitar las consecuencias de la acelerada vida moderna.
ResponderEliminar