HOMENAJE A ISABEL
Nosotros, sus amigos, queríamos mucho a Alejandro e Isabel... A pesar de las dificultades económicas, ellos se casaron una hermosa tarde de octubre. Todos fuimos testigos de su felicidad. Ambos trabajaban en relación de dependencia. Supimos que, todas las tardes, después de ocho horas de trabajo, Isabel volvía a casa, apurada, a preparar la cena para Alejandro, a arreglar lo que no había tenido tiempo de arreglar por la mañana, a prepararse para el día siguiente.
Una tarde, al volver de la oficina, recibió una llamada telefónica en la que le comunicaron que Alejandro se había desmayado, debido a una bajada repentina de presión arterial.
Entonces, Isabel volvió a ponerse el abrigo, apresuradamente salió a la calle, y un auto la atropelló...
Varios días después, abrió los ojos trabajosamente, en el hospital. Vio a Alejandro blanco, tembloroso, despeinado, barbudo, porque en tres días no se había separado, ni un solo instante, de la cabecera de Isabel.
Nosotros, sus amigos, nos retiramos discretamente, pero no tanto, como para no alcanzar a ver a Alejandro acariciando las mejillas de su esposa.
Varios días después, Isabel dejó el hospital con un brazo en cabestrillo y machucones en varias partes del cuerpo, pero feliz como nunca.
Alejandro procuró recomponer la cara y disimular el cansancio de todos los días al volver a casa.
E Isabel se las arregló para darse vuelta con su exiguo sueldo, y con lo poco que traía su marido... aprendió a cantar, mientras preparaba la cena o lavaba los platos.
Y éste, es, nuestro homenaje a Isabel.
Un homenaje pequeño, recatado, porque ni a ella, ni a su esposo les gusta la ostentación y el ruido.
Un homenaje que merece su amor y su valentía.
Un homenaje de nosotros, sus amigos...

Merecido homenaje a la valentía y el cariño de la protagonista.
ResponderEliminar