¿CUÁNTAS VECES VEMOS EL SOL?


Salió el sol. Un sol brillante, brilla como si recién se estrenara en el cielo. ¿Pero cuántas veces lo vemos?. Hoy lo veo. Hoy es lunes, comienza la rutina de la semana, de nueve a diecisiete encerrada en el archivo. Atiendo el teléfono, busco fichas que me piden, soy rápida, eficiente, saludo al entrar y al salir. Tengo un hermano en Entre Ríos, con el que evoco el pasado. Sólo nos vemos cuando él viene a Buenos Aires.
Hoy estoy escribiendo porque soy feliz, el sol sigue brillando y puedo sonreír por el pasado y sonreír ahora, metida en el archivo, con la ventana abierta para que entre el sol. Mi hermano y su mujer se trasladaron a Buenos Aires por las tramitaciones que ella debe hacer por un terreno, y para que Lucas no soportara un día de tanto trajín, lo dejaron a mi cuidado. Y juntos planeamos un domingo diferente para los dos. Café con leche con medialunas en la confitería, y después la pelota corriendo sobre el pasto tan verde, corríamos y reíamos, corriendo hasta las piernas de otro chico que aparece de pronto. Se llama Adrián, y gambetea como un veterano de cinco años. Y el padre, que también se llama Adrián, propone una ronda de cuatro, que se rompe porque la pelota escapa de las manos. Un día de tanto sol, tanto verde, tantas horas.
Mientras los chicos seguían jugando, nosotros, sentados en un banco de madera, tuvimos ganas de hablar de cosas elementales, del destino, de la soledad. Y él dijo, que desde su separación, sólo podía ver a Adrián los domingos, que era poco, pero que así estaba dispuesto. Y nos despedimos dos a dos después de comer pizza y tomar gaseosa; Adrián con Adrián, y yo con Lucas. Nos despedimos con tristeza, pero con un poco menos, porque en cada bolsillo había un papelito con un teléfono anotado.
Una promesa que necesitaba que el sol siguiera brillando. Así como brilla hasta el último cajón del archivo, ahora que miro mi reloj, porque falta tan poco para que se repita el encuentro, para que recorramos jugueterías, donde quiero comprarle un rompecabezas a Lucas, un rompecabezas inmenso, donde se consiga armar todas las cosas, incluso mi felicidad.

Comentarios

  1. ¡¡¡Excelente...!!! Hermosa historia llena de ternura, amor y calidez; fomenta la amabilidad en los niños y en los adultos.

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