LA CARTA




Fiel a su vocación, Pedro se dempeñaba como director de aquella escuela alejada de la población, ubicada en Pampa de Achala, en Córdoba. Una zona serrana árida e inhóspita, sin caminos de acceso, habitada mayormente por pastores de ovejas y cabras.
-¿Cuándo va a venir la señorita nueva? Preguntaba Fátima a su maestro. Porque Pedro se desempeñaba también como maestro de grado, debido a que la señorita Cecilia se había marchado, renunciando a su cargo; y anteriormente, también había dimitido la señorita Patricia, debido a las difíciles condiciones climáticas y a todas las dificultades que se presentaban en el lugar.
-Estamos esperando que lleguen los nuevos nombramientos, Fátima, no sé cuándo vendrá la maestra nueva. Respondía Pedro a Fátima y a otros alumnos que insistían preguntando lo mismo.
La escuela funcionaba también como albergue; los chicos iban a clase, comían, practicaban deportes, cuidaban la huerta, jugaban... Una camioneta los llevaba y traía de Mina Clavero, transportaba además, útiles escolares, herramientas, víveres y cuanto era necesario, también transportaba a un médico. Los víveres siempre eran escasos. Las maestras que habían renunciado a sus cargos se encargaban de proveer las cosas faltantes con muchas dificultades. Ahora, Pedro se hallaba solo en la escuela y debía ocuparse de todo.
Mientras Federico regaba la huerta, preguntaba a Pedro.
-¿Tardará mucho el nombramiento Pedro? ¿Cómo nos enteramos cuándo va a venir la nueva señorita?
-Seguramente nos enteramos por el correo, estoy esperando recibir la carta. Respondió el maestro.
La escuela poseía además, una profusión de imágenes religiosas en las paredes del albergue y en las demás dependencias. La explicación que justificaba tanta presencia religiosa en una escuela pública, era que resultaba necesaria porque los chicos vivían prácticamente en la escuela y no podían recibir formación religiosa en sus casas.
A Pedro le demandaba mucho esfuerzo realizar las actividades cotidianas. Cerca de la escuela, vivía un matrimonio de puesteros, eran muy voluntariosos y ayudaban al maestro de acuerdo a sus posibilidades.
-¡Pedro, Pedro! Su alumno Gastón lo llamaba a gritos, y el maestro salió rápidamente del aula dirigiéndose al jardín.
-¡La camioneta del cartero, maestro, viene el cartero! ¡Seguro trae el nombramiento que estamos esperando! Pedro se aproximaba a la camioneta, recibiría, tal vez, la tan esperada carta.

Comentarios

  1. Gracias por compartir, Alicia Estela. Los maestros rurales realizan un arduo trabajo, en escuelas alejadas de los centros urbanos, en lugares donde hay muchas dificultades, pobreza y falta de profesores.

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