EL LLAMADO

Mientras estaba en el boliche que administraba, Lucas llevó una mano al bolsillo, sacó la carta y volvió a leerla -No es que recurro a vos porque te creo obligado hacia mí, pero en estos momentos no me queda otro remedio. ¡Te necesito Lucas! Encendió otro cigarrillo y se dijo que la carta le molestaba mucho, no porque le pidieran algo, sino porque significaba que hacía mucho tiempo que no veía a la madre de su amigo Damián.
La carta de Irene, la madre de su gran amigo de la infancia, le recordaba cosas que nunca pudo olvidar. Cuando llegaban juntos de la escuela, Irene lo atendía con mucho cariño, igual que a su hijo. Les servía la leche, los ayudaba a realizar las tareas escolares para el día siguiente, y luego los dos jugaban o miraban televisión, hasta las ocho de la noche, cuando regresaban sus padres y lo llevaban a su casa. Ellos atendían un almacén, y se ocupaban de él al regresar a casa. Damián y él, vivían en casas lindantes y asistían a una escuela de jornada completa, almorzaban en el colegio y alrededor de las cinco de la tarde, regresaban al hogar. Diariamente, él se quedaba en la casa de Irene, hasta que sus padres vinieran a recogerlo. 
¡Cuánto le debía a Irene! Siempre le prodigaba la misma dedicación que a su hijo. Y ahora, Irene lo llamaba. ¿Dónde estaría Damián? ¡Hacía tantos años que él no sabía nada de ellos!
Había proyectado ir al cine con su mujer al día siguiente; y cuando ella venía a recordárselo, le habló de la carta de Irene.
-¡Hacés muy bien en ir, ella te ayudó mucho! Dijo su mujer, como si ella misma hubiese averiguado ese hecho, y no lo supiese por boca de su marido. Por su propia iniciativa, e impulsado también por su mujer, Lucas había decidido ir a ver a Irene al día siguiente de recibir su carta. Pensó que le llevaría una suma importante de dinero, pero, a su vez, sentía verguenza. 
-¡Tanto tiempo sin verla y caer ahora con la plata! Le pareció una crueldad, pero tal vez, la necesitaba. Sintió también, como una certeza, que el dinero no alcanzaría para cubrir las necesidades de Irene. Le encantó la posibilidad de volver a verla. Pero ¿qué ocurría con su hijo? ¿por qué no mencionaba a Damián? ¿qué habría sido de su amigo de la infancia?
Leyó nuevamente la carta de Irene, la calle le resultaba conocida y estaba situada en el barrio de Flores. A la mañana siguiente se dirigió al lugar. Tenía que salir del auto, pero todavía no había elegido las palabras que diría al llegar. Los reencuentros, luego de muchos años de ausencia, siempre resultan difíciles en el comienzo. Caminó algunos metros hasta encontrar la dirección de Irene.
-¡Sí, es aquí! Se paró ante el edificio y tocó el timbre. Una inmensa melancolía embargó su ser, al comprobar que el lugar era una residencia geriátrica.

Comentarios

  1. Muy buen cuento de final abierto!! Deja la conclusión a la imaginación del lector.

    ResponderEliminar
  2. Ser agradecido es una de las mejores cualidades de las personas. Prevalece en este cuento con final abierto. Muy bueno!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

TU NOMBRE ES VIOLETA

9 DE JULIO

EN POSITIVO