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LA TRIUNFADORA

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Zulema llegó a su casa, cansada. Hoy había tenido  dos reuniones importantes, y por la noche, una cena en agasajo a un poderoso empresario. -¿Cómo se resolvió aquel asunto?? - Preguntó María. -Bien, llegamos a un acuerdo. Zulema había puesto cuerpo y alma para crear una empresa, que desde hace veinte años, marcha sobre rieles. María la admira, por su carácter, su personalidad, su afán de progreso, su lucha para alcanzar la meta propuesta. Al igual que María, todos la ven como es desde afuera. Una de esas mujeres fuertes que entiende de política, de negocios, de cambios, incluso de los ciclos repetidos y eternos de los pueblos que luchan por liberarse de tutelas. Sabe muchas cosas, estudió años y años, vivió después perfeccionando lo que había aprendido y llegó.   A una meta de triunfos, de éxitos, de dinero. Entonces, los otros, que aún no llegaron, los que tal vez, no hicieron los esfuerzos que ella hizo, la envidian. También la critican o la alaban, según...

EL LLAMADO

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Mientras estaba en el boliche que administraba, Lucas llevó una mano al bolsillo, sacó la carta y volvió a leerla -No es que recurro a vos porque te creo obligado hacia mí, pero en estos momentos no me queda otro remedio. ¡Te necesito Lucas! Encendió otro cigarrillo y se dijo que la carta le molestaba mucho, no porque le pidieran algo, sino porque significaba que hacía mucho tiempo que no veía a la madre de su amigo Damián. La carta de Irene, la madre de su gran amigo de la infancia, le recordaba cosas que nunca pudo olvidar. Cuando llegaban juntos de la escuela, Irene lo atendía con mucho cariño, igual que a su hijo. Les servía la leche, los ayudaba a realizar las tareas escolares para el día siguiente, y luego los dos jugaban o miraban televisión, hasta las ocho de la noche, cuando regresaban sus padres y lo llevaban a su casa. Ellos atendían un almacén, y se ocupaban de él al regresar a casa. Damián y él, vivían en casas lindantes y asistían a una escuela de jornada co...

TAL VEZ SEA CIERTO

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Me pregunto dónde quedó la adolescencia. Mi madre me dice. -Estás perdiendo tus mejores años. - Yo niego. -No estoy perdiendo nada. - Te defiendo. Y me cuelgo una sonrisa en mi boca, y adelanto mi paso por la calle. Pego láminas en las paredes de mi pieza. Yo no sé si te quiero. Solo sé que todavía me hace falta tu presencia para sentirme segura de lo que soy y de lo que siento. Le tengo miedo al tiempo, a los años, a la soledad... a las distancias. Ayer saqué los ahorros que tenía guardados para las vacaciones, combiné mis horarios de la manera que pude, saqué un pasaje de avión que guardé rápidamente en mi cartera, para no arrepentirme, para no devolverlo. Mandé un telegrama que te avisa de mi llegada, para que no te sorprendas demasiado; y voy a ir aunque mi llegada te resulte inoportuna. Allá, cuando estemos otra vez, frente a frente, cuando estemos en ese sitio aislado que nunca nos conoció juntos, voy a saber si te molesta mi llegada, voy a saber si podemos convertirla en una fie...

UNA ETAPA DE LA VIDA

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Carmen no soportaba el dolor de su hija, no le alcanzaban las palabras para consolarla. Ayelén no podía superar el dolor, la tristeza que le ocasionó la ruptura con Damián. Aunque había transcurrido un tiempo prudencial desde que dejaron de verse, aún recordaba la dicha compartida con su pareja, y no lograba comprender las razones que esgrimía Damián para justificar su actitud. La dejaba por otra... Ayelén se preguntaba cuándo él dejó de amarla, nunca imaginó ese triste final para los hermosos años de convivencia. Estaban sentadas en los sillones del comedor, Carmen le daba a su hija sabios consejos. -Hoy te toca en carne propia el dolor que alguna vez has dado a otros. Te han dicho que no te quieren más. Y lloraste, recriminaste y te convertiste en una pequeña fiera acorralada porque el dolor te quemaba el alma. Tienes que comprender que el amor se comparte, dando y recibiendo; que si el otro dejó de sentirlo, no debe mentir ni engañar. Que si alguien le inspiró un cariño más pote...

LAS OTRAS HISTORIAS

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-Yo sabía que un día iba a encontrarte, que ibas a llegar a mí, Emilia. - Dijiste, Matías. Nos presentaron unos amigos. Era nuestro tercer encuentro. Caminamos hacia Retiro. Un barco con las luces encendidas en el puerto, parecía un árbol de Navidad, o la vidriera de una juguetería. Esta vez, siento que todo es nuevo, como para los ojos de una niña que ha nacido hace poco. Las campanadas del reloj de la Torre Monumental dando las ocho. La noche derramándose como un tintero roto, vos, clavándome las uñas en la palma de mi mano, y yo, sintiendo que ese dolor alegre me curaba todas las heridas anteriores, dejándome entera y luminosa, como esa luna, que alumbra apenas los senderos de las plazas de Retiro. Dos pasos y un abrazo. Dos pasos y un beso. Dos pasos y una risa sin ton ni son. Y a cada paso, cada vez menos miedo, más lejanas las tristezas. Si ésta fuera una historia así, sin antes, sin otras dos historias convergiendo como dos ríos en un mismo mar, yo podría creer en vos, Matía...

CARNAVAL

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La ciudad efervescente de colores y música. Pieles cobrizas, pelo largo y pulseras enormes jugueteando en el brazo. Lía se sintió fuera de lugar. Cuando llegó el Carnaval sintió verdadero miedo. Iban a hacer un baile de disfraz. Irían los amigos de siempre. Reirían. Bailarían. Serían despreocupadamente jóvenes. -Dejate de pavadas, yo no estoy para eso. - Le dijo a su sobrina, pero finalmente, Karina la convenció, y sacó de una caja, una peluca rubia, un antifaz negro, y un vestido largo y liviano. -Sos otra. - Exclamó Karina. Entonces, Lía decidió ser otra, joven, libre, reír a carcajadas y dejarse tomar una mano. -Me gustás, Laura. - Exclamó Roberto. Porque había sido capaz de ser Laura, con peluca y aire ajeno. -Mañana quiero verte, en la rambla, a las siete. -Bueno, pero ahora dejame, estoy muy cansada. - Y subió a su cuarto. Debajo de la peluca, era Lía. Las serpentinas seguían confundiéndolo todo, de la puerta para afuera. Las serpentinas y el miedo. Y Roberto, que iba a ...

LA RECETA

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Creo que Leandro tenía razón. Estoy celosa. No me agradó reconocerlo, pero me tranquilizó saber que a doña Elvira, mi suegra, le había pasado lo mismo. Recién después de que nació Juan Manuel, me confesó la receta de lo scones "especiales" y una tarta de ricota que Leandro adoraba. Y esa señora Estela, se enjuga las lágrimas con un diminuto pañuelo de broderie. Tal vez, ella está viendo a Paula con su traje de primera comunión... Leandro busca mis ojos; sí, están húmedos. Hice bien en no abusar del rimmel. Los muchachos se besan, un beso presuroso y tímido. Y Leandro y yo, nos sentimos como dos chicos que están perdidos en el bosque y buscan el camino de regreso a casa. La marcha nupcial irrumpe con su música y vamos siguiendo a la pareja sobre una alfombra roja. Forman una linda pareja. Dios quiera que sean felices. Hace veintiocho años, cuando me casé, tenía menos miedo que hoy. A medida que pasan los años, los miedos aumentan. Durante veintisiete años, viví preocupada cada...

HOMENAJE A ISABEL

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Nosotros, sus amigos, queríamos mucho a Alejandro e Isabel... A pesar de las dificultades económicas, ellos se casaron una hermosa tarde de octubre. Todos fuimos testigos de su felicidad. Ambos trabajaban en relación de dependencia. Supimos que, todas las tardes, después de ocho horas de trabajo, Isabel volvía a casa, apurada, a preparar la cena para Alejandro, a arreglar lo que no había tenido tiempo de arreglar por la mañana, a prepararse para el día siguiente. Una tarde, al volver de la oficina, recibió una llamada telefónica en la que le comunicaron que Alejandro se había  desmayado, debido a una bajada repentina de presión arterial. Entonces, Isabel volvió a ponerse el abrigo, apresuradamente salió a la calle, y un auto la atropelló... Varios días después, abrió los ojos trabajosamente, en el hospital. Vio a Alejandro blanco, tembloroso, despeinado, barbudo, porque en tres días no se había separado, ni un solo instante, de la cabecera de Isabel. Nosotros, sus amigos, nos retir...

LA QUE NUNCA VIO EL MAR

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No conociste el mar, mamá. Y te hubiera gustado conocerlo. Lo supe casualmente el otro día, hablando con una tía. Te fuiste al silencio sin conocer el mar. Eras tan joven, mamá, el día de tu muerte. Seguías siendo tan joven en los retratos, con ojos de niña, que salió del pupilaje para casarse y tener tres hijas. Cuando nosotras tres, chicas y torpes, nos trepábamos sobre tus rodillas, te enredábamos con nuestras caricias y te pedíamos que nos contaras un cuento, tal vez te distraías imaginando el mar. Y tenías un aire soñador. Yo quiero darte el mar, mamá. Su luz, su espejo, que hace entornar los ojos y cambia de velos de colores: de gris, de malva, de azafrán, de violeta - y de verde -, como a vos te gustaba. Yo quiero darte el mar, mamá. Su gusto a sal y a yodo, que deje alrededor de la boca un borde blanco, como la estela de un barco. Vos le hubieses gustado, tan menuda, tan frágil, diciéndole tus versos, dejando en sus mejillas las huellas de tus pies. Ah, ...

MI MADRE

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Ayer me recibí de ingeniero agrónomo. Fue un esfuerzo que pude realizar exitosamente porque se me brindaron todas las condiciones para lograrlo. Mi madre me acompañó en largas noches de estudio, con su presencia, con sus tazas de chocolate humeante, con su sonrisa, con su beso dejado sobre mi cabeza, con una mirada, con el apretón de manos que me transmitía su fe. Y como premio, mi padre, que es muy honesto, me confió su secreto y su pecado. Me pidió perdón, tuve un momento de sobresalto, y después, sentí algo de pena por él. Pudo haberme hecho mucho daño esa sinceridad que llegaba a mi vida después de veinticinco años, pero no me lo hizo. No, porque yo sé que ella se siente mi madre, y yo, su hijo. Esa es la única verdad y nada puede modificarla. -Yo no te juzgo papá, yo te amo. -Gracias, hijo. Lo que papá me contó, ya no me interesaba. Lo que me importa ahora, es revivir la emoción de mi madre de siempre, de esa que conocí desde que abrí los ojos, esa que me arropó, me dio besos y ve...

CENIZAS AL VIENTO

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Hoy, después de tantos años, por fin me atreví a cruzar la puerta de esta habitación. Fue como si diera un salto en el tiempo. Un retroceso a las épocas felices en las que llenabas la casa con el sol de tus risas y tu alegre corretear por el pasillo... La vida sigue, a pesar de nuestro egoísmo de padres, los hijos crecen y nos desbordan, nos hacen viejos e inútiles, y nos dejan como a los muñecos, colgados en las paredes de los años. Estoy muy solo, hija mía. Sí, a pesar de todo, sigues siendo mi hija. No importa qué clase de sangre corra por tus venas, aún a pesar tuyo, eres mía. Porque el derecho a llamarse padre no es un producto de un mero accidente, de un hecho circunstancial. Se gana día a día. Eres mi hija porque yo te acuné entre mis brazos sintiendo los latidos de tu pequeño corazón. Nunca tuve problemas con tu madre, nos comprendíamos demasiado como para tener diferencias. Ella, que me trajo a tu existencia, para darte un padre, partió de este mundo al final del vera...

LA OLVIDADA

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Fue en la calle. La vi con el tapado rojo y el pelo suelto, la frente despejada y unos ojos transparentes y azules como el cielo de la mañana. Era joven, hermosa... Apretaba en sus manos un ramillete de violetas, y era como apretar la evidencia de estar enamorada y de que alguien la amaba. La vi, y el pasado me sacudió la fina ceniza que llevaba en los hombros, y la turbia fatiga que empañaba mis días actuales, llenos de horarios respetados, de cuentas exactas, para llegar a fin de mes sin déficit. La vi joven, hermosa, alegre, amada, con flores en las manos. Igual a ella, "la olvidada". ¿Cómo se fue durmiendo su recuerdo a lo largo de estos siete años? Se me traspapeló entre el cansancio y la lucha, entre los llantos y las voces de mis hijos creciendo, haciéndome preguntas, trepando a mis rodillas, pareciéndose a mí. Ella, "la olvidada", la olvidada por mí, que la amé y la amo con lo mejor de mí... y hasta olvidada por ella misma. Y yo, Lucía, sin darme cuenta, sin...

LA ESTATURA

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Lo vi en sus ojos desde el primer momento. En cuanto toqué el timbre de la casa y ella corrió a abrirme la puerta con la larga trenza rubia saltando sobre la espalda.  -¿Papá? - Me preguntó, dudando un poco. -Creí que eras más alto. Se mordió los labios, se frotó la nariz con la manga del pullóver. Yo no podía decir nada porque las lágrimas me ahogaban. Y me hubiese puesto a llorar ahí mismo, si Sofía no hubiese aparecido por el pasillo, serena, calma, haciendo, como siempre, lo que corresponde. -Te estábamos esperando, Enrique, entrá. Y me ofreció su mejilla levemente ruborizada. El olor de la casa era el mismo de siempre, el que perfumaba nuestros recuerdos, el que se desprendía de las cartas que Yanina me mandaba desde que empezó a escribir. Un olor que me permite reconstruir la casa palmo a palmo, el ruido de los pasos de Sofía, el ruido de los pasos de mi hija, unos pasos cortitos e inseguros, los únicos pasos que había escuchado de ella, cuando tenía un año y medio. -¿Le dist...

LA CARTA

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Fiel a su vocación, Pedro se dempeñaba como director de aquella escuela alejada de la población, ubicada en Pampa de Achala, en Córdoba. Una zona serrana árida e inhóspita, sin caminos de acceso, habitada mayormente por pastores de ovejas y cabras. -¿Cuándo va a venir la señorita nueva? Preguntaba Fátima a su maestro. Porque Pedro se desempeñaba también como maestro de grado, debido a que la señorita Cecilia se había marchado, renunciando a su cargo; y anteriormente, también había dimitido la señorita Patricia, debido a las difíciles condiciones climáticas y a todas las dificultades que se presentaban en el lugar. -Estamos esperando que lleguen los nuevos nombramientos, Fátima, no sé cuándo vendrá la maestra nueva. Respondía Pedro a Fátima y a otros alumnos que insistían preguntando lo mismo. La escuela funcionaba también como albergue; los chicos iban a clase, comían, practicaban deportes, cuidaban la huerta, jugaban... Una camioneta los llevaba y traía de Mina Clavero, transportaba a...

EL AMOR A LOS LIBROS

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Francisco era el dueño de una librería. Adoraba los libros. Por la delicadeza que sus manos, largas y pulidas; con la suavidad con que los hojeaba, dejando resbalar su dedo índice entre página y página, hasta en su manera de mirarlos, se comprendía, el cariño entrañable que le inspiraban. Pareciera que al tocarlos, temía hacerles daño, los manejaba como si fueran flores. Con semejante personalidad, Francisco tenía sus "cosas". Una mañana, entró en la librería un señor, pidiendo una obra. Francisco, diligente y amable, se la ofreció enseguida. El adquirente examinó el volumen, y después de abonar su importe, solicitó, como es lógico, un papel para envolverlo. Francisco no supo reprimir un gesto de disgusto. -¿Cómo? ¿No quiere usted llevarlo así?... ¿Prefiere usted llevarlo envuelto? - Exclamó. -Si, señor, supongo que no habrá inconveniente... -Ninguno, absolutamente ninguno. Aquí estamos para servir y complacer al público. Y levantando la voz, para que la oyera su dependiente,...

SED

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  En el campo, la lluvia faltaba desde hacía meses. De tanto en tanto, aparecía una nube blanca, que después, desaparecía, ahogando la esperanza de un aguacero. El campo tenía sed. Las plantas tenían sed. Los animales tenían sed. El agua se había convertido en un líquido cristalino y precioso. En el rancho del viejo Ruperto, como en todos los ranchos de la vecindad, faltaba el agua desde hacía mucho tiempo, Él casi no hablaba con Juana, su mujer, y se pasaba horas mirando la tierra seca, estéril.. En cambio, la desesperación hacía hablar a Juana y cuando empezaba a llorar, Ruperto se escapaba de ella como del diablo. Se internaba, solo, entre los árboles, se acercaba a la laguna reseca, que mostraba un fondo blanco y salitroso. Después, cansado, se sentaba aprovechando alguna sombra de tala, y se ponía a evocar campos verdes, ebrios de trigo y maíz, florecientes como en eterna primavera. La hija de ellos había fallecido hacía dos años, y su hermosos niño, vivía en el rancho. Juana ...

¿CUÁNTAS VECES VEMOS EL SOL?

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Salió el sol. Un sol brillante, brilla como si recién se estrenara en el cielo. ¿Pero cuántas veces lo vemos?. Hoy lo veo. Hoy es lunes, comienza la rutina de la semana, de nueve a diecisiete encerrada en el archivo. Atiendo el teléfono, busco fichas que me piden, soy rápida, eficiente, saludo al entrar y al salir. Tengo un hermano en Entre Ríos, con el que evoco el pasado. Sólo nos vemos cuando él viene a Buenos Aires. Hoy estoy escribiendo porque soy feliz, el sol sigue brillando y puedo sonreír por el pasado y sonreír ahora, metida en el archivo, con la ventana abierta para que entre el sol. Mi hermano y su mujer se trasladaron a Buenos Aires por las tramitaciones que ella debe hacer por un terreno, y para que Lucas no soportara un día de tanto trajín, lo dejaron a mi cuidado. Y juntos planeamos un domingo diferente para los dos. Café con leche con medialunas en la confitería, y después la pelota corriendo sobre el pasto tan verde, corríamos y reíamos, corriendo hasta las piernas de...

24 DE MARZO

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  -¿Te ocurre algo Mónica? -No Juan Carlos, no me pasa nada. Pero sí le pasaba, irremediablemente, todos los 24 de marzo, a pesar de que deberían ser alegres para ella, Mónica se sumía en una profunda tristeza. 24 de marzo: "Día de la Memoria..." No podía dejar de evocarlo desde aquel lejano 1976. Pensaba en el desasosiego y dolor de miles de familias que perdieron a sus seres queridos: hijos, hermanos, padres, tíos... Ella no tenía ningún familiar ni amigo desaparecido, pero la tremenda injusticia cometida en esos fatídicos años de dictadura, esas torturas y crímenes inexplicables, acudían a su mente. Personas, que de estar con vida, hoy tendrían aproximadamente la edad de ella, en su mayoría. Siempre le costaba asimilar lo ocurrido. -¿Podés bajar un minuto? ¡te necesito! Era la voz de su marido que la reclamaba al pie de la escalera. Aún sin dejar completamente de lado sus pensamientos, Mónica bajó por las escaleras y se dirigió al comedor, donde la esperaba Juan Carlos. -¡...

EL HOMBRE QUE HACE REÍR A MI NENA

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  No, señor. Yo no puedo escribirle una carta injuriosa. Yo no puedo enojarme con usted, porque lo conozco - desde lejos, claro está - y lo sé noble y generoso.  Mi nena me pregunta por qué hay chicos que pasan hambre y frío o viven en villas miserias. Ella, que cuando vamos a la plaza, me pide que saque boletos para la calesita, y se los regala a Miguelito, que tiene el pantalón surcido y zapatillas gastadas. Mi hija de seis años, que aprendió a separarse de algunos de sus juguetes, para repartirlos entre los pequeños necesitados. Que el día del niño, rompió su alcancía y me dio las monedas para "comprarle cosas" a los que nada tienen. Por eso, me dio verguenza que usted donara una importante asignación mensual para los perros. No estoy criticando su aporte. Quiero a los perros con el afecto que merecen los animales. Usted es un enamorado de los niños. Usted los hace soñar, reír, con su nariz pintada de rojo, con una peluca, con sus enormes trajes de payaso y sus chistes ing...

CON LAS CAMPANAS

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-Podés quedarte en casa hasta que tengas el chico, pero después buscate otra casa. María agradeció íntimamente a la señora que no le hiciera reproches, pero dejó de mandar dinero al Chaco, juntó un poco, y con el otro poco, fue comprando ropita para el hijo. Cuando llegó la fecha, la señora le dijo que en ese hospital que conocía, muchas chicas se internaban hasta el momento del parto. Y María, acomodó sus cosas en un bolso y se fue de la casa, con ganas de llorar, pero callada, porque sus llantos siempre habían sido silenciosos, hacia adentro. Ahora estaba ahí, desde hacía cinco días, tendía su cama y ayudaba a las que estaban más pesadas para moverse. -Enfermera, ya empieza,- Anunció. -¿Qué sabés? ¿No es el primero? -Yo atendí a mi madre cuando tenía a los más chicos. -Mirá qué linda hora, va a ser a medianoche, justo para Navidad. Fue junto con el sonido de las campanas... Un llanto, un llanto de cristal y le creció una ternura, María lo oyó como salido de su sangre. Y, de repente, ...

TARJETAS DE NAVIDAD

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Hoy, como cada año, luego de armar el arbolito, comienzo a escribir dedicatorias en las hermosas tarjetas de Navidad, que elegí especialmente... Palabras de amor, agradecimiento, fe y esperanza, para mis seres queridos. A la Hermana Angelina, mi profesora de Catequesis, quien sumó valores morales y religiosos a los que me inculcaron mis padres. A pesar de que transcurrieron diez años desde mi egreso del secundario, seguimos en contacto. A mi amiga Adela, que siempre estuvo junto a mí, en los buenos y en los malos momentos, y me alentó con su ejemplo. A algunas compañeras de la Facultad, aunque no nos reunimos con frecuencia, siempre nos comunicamos en las festividades. A Sergio, mi compañero del laboratorio, un excelente ser humano, dispuesto a colaborar y ayudar con su experiencia a las que recién nos iniciamos en el trabajo. Y para mi querida tía Aurelia, junto a las frases de la preciosa tarjeta navideña, escribo unas líneas para darle las gracias por sus sabios consejos. A...

MILAGRO DE NAVIDAD

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  Jéssica relee la lista de nombres que acaba de escribir en su agenda navideña. Nombres de seres queridos, a los que año tras año, les obsequia pequeños presentes como regalos de Navidad. Le encanta colocar debajo del arbolito, los bonitos paquetes de vistosos colores...  La magia de la Navidad invade su corazón, siente la ilusión de esta época del año. La felicidad llega de la mano de sus familiares y amigos, en forma de sonrisa, amor y mucho cariño. Se dispone a salir de compras, se acerca la Nochebuena... Diciembre, un mes que predispone a la bondad, a los buenos sentimientos... Pero ¿qué significa un mes con respecto a los once restantes del año? Jéssica está triste, sus pensamientos empañan su entusiasmo y alegría; no lo puede evitar, lee los diarios, mira los noticieros de la televisión, y sabe que hay hambre, dolor y muerte en el mundo. Piensa que los hombres están equivocados, que las mujeres olvidaron su papel de creadoras de paz. Siente que el mu...

VERDE DE NOVIEMBRE

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-¡Mamá! ¿Qué estás pensando? ¿Ya estás lista para ir al parque? Pregunta Matías. Verónica, sumida en sus pensamientos, mira su florido jardín a través de la ventana. Es una mujer de hoy, a veces romántica, deportiva, audaz o tímida, tal como las circunstancias lo imponen. Asume los derechos y deberes que demanda el momento en que vive. Se siente plena para amar, para compartir vida. Es comienzo de noviembre. Piensa que noviembre es un mes en que parece que todo está por llegar, que las mentes se abren, que uno se va sacando las trabas invernales de la cabeza. Es como despojarse de paredes y encierros, de miradas hacia adentro y de espacios pequeños, como teniendo una mirada más fresca de las cosas en estos meses. Presiente cambios que se avecinan y que van a traer bienestar. Y la sensación de vivir más intensamente, aunque sea la misma vida. Se acerca más a la naturaleza, al verde, que siempre da la incomparable sensación de placer, y a las flores que alegran su vida en todo momento. V...