RUTINA
De repente, un día me dicen: "Florencia, teléfono", Y sos vos. Mi primer amor, yo, tu primera novia. Y yo exclamo: "Pero, Ignacio".
Supe que te recibiste de médico, que te fuiste al interior a ejercer tu profesión, que te casaste, que te separaste, que regresaste a Buenos Aires hace unos meses. Vos también, como yo, habrás leído libros que te gustaron, habrás admirado a alguien, habrás tenido nuevas vivencias...
Y te imagino como siempre, flaco, siempre despeinado, siempre de veinte años. Y me doy cuenta de que quisiera verte, quedamos en "mañana a las cinco". Y pido hora en la peluquería, y me pondré algo que me haga parecer más delgada, más joven, más linda.
Y no, a pesar de mi vestido nuevo, del pelo reluciente, de los treinta años que se notan poco, de la hora y la esquina anotadas en la memoria, no voy a ir.
¿Cobarde, rutinaria?
No. Sensata, mujer, no niñita impulsiva.
Niñitas impulsivas son mis tres nenas, que se trepan a mi falda, peleándose por tenerme cuando llego a mi casa. En mi rutina de hoy (rutina, sí, como dicen algunos), encajo como pieza justa de un rompecabezas en su lugar correspondiente.
No tengo tiempo para repasar mis pasos, para tomar la calle de mi escuela y sentir nostalgia por esa etapa que ya pasó y permanece en un rincón de la memoria.
Guardame así, como era. Vestime con los colores que prefieras, imaginame siempre de veinte años, dueña de un tiempo tuyo... dueño de un tiempo mío que no podrá repetirse, y del que no servirá hablar ahora, porque si lo tocamos con la voz, nunca más podrá reconstruirse, ni para recordar.
Comentarios
Publicar un comentario