EL CORAZÓN LATIÉNDOME EN LA MANO


Han pasado cinco años, Ahora tenés anteojos, pero igual hay un chico asomado en tus ojos.
-¿Cómo te va, Analía? - Preguntás, mirándome sorprendido.
-¿Sabés? Hace cinco años, estaba enamorada de vos, y cuando pensé que ibas a decirme que me querías, me dijiste que ella se llamaba Malena. - Me mirás, te mordés los labios, tratás de reírte, pero no podés.
-¿Eso te dije? Mirá si seré zonzo, mirá lo que vengo a saber ahora. Mirá lo que me fui a perder.
Hay gente alrededor. Gente que entra y sale del negocio.
-¿Siempre trabajás allá? - Me preguntás.
-Sí, siempre. - Tengo ganas de llorar, pero no tenés que verme llorar.
-Estoy apurada, me esperan a las cuatro. ¿Tu vida, bien?
-Sí, todo bien.
Me das un beso en la mejilla. Tibio, húmedo, que me produce un estremecimiento, y me guardo la sensación para revivirla después, a solas, con los ojos cerrados.
-Uno de esos días te voy a llamar para charlar un rato, si tenés tiempo.
-Sí, llamáme... adiós.
Ya estoy esperando ese llamado. Y ya tengo miedo. Porque en cinco años pasan tantas cosas... Se gastan los asombros. Cada vez se cree menos en los milagros.
A lo mejor, Federico, todavía tenés antiguas ganas de caminar conmigo por las plazas, hacerme confidencias, darme a leer tus versos...
A lo mejor, esta vez no sean en vano mis noches de insomnio, mi vestido rosa, mi corazón arrancado del pecho, latiéndome en la mano.

Comentarios

  1. Estela Andrea Rodríguez26 de agosto de 2025 a las 19:28

    Siempre resulta hermoso y gratificante conservar la esperanza.

    ResponderEliminar
  2. Todos merecemos una segunda oportunidad.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

UNA ETAPA DE LA VIDA

9 DE JULIO

TU NOMBRE ES VIOLETA