EL FINAL DE UNA HISTORIA


Marisa daba clases particulares de inglés.-Me interesa que aprenda inglés. - Dijo la mujer joven, atractiva, de modales suaves.
-Pero más que nada, lo traigo para que no esté por la calle...
Desde su mano, los ojos vivaces del chico, la miraban con una mirada de unos ocho años, debajo de un mechón oscuro.
-Es rebelde pero inteligente. - Prosiguió la madre cuando el niño no la escuchaba.
-Se llama Facundo. Facundo Santana.
Cuando Marisa escuchó ese nombre, el mundo se esfumó a su alrededor, para dejarla sola con el nombre de su pasado: Facundo Santana.
Esa noche, Marisa estuvo tensa y despierta, visitada por la imagen de su nuevo alumno.
¿Sería el hijo? Ese chico podía ser el hijo de Facundo Santana, del hombre que la había dejado como se deja un objeto. De aquél a quien nunca perdonó ni dejó de querer.. Se llamaba igual. Se le parecía mucho.
Cómo lo había querido a Facundo Santana. Solo ella lo sabía. Cuánto amor, y después, cuántos deseos de destruirlo.
Transcurrieron unos días. Esa tarde, descubrió que era la oportunidad de averiguarlo. El niño llegó, a la hora de la lección, en un estado alarmante, con sangre en la frente, y un desgarro en la remera. Se había peleado con un compañero.
Marisa llamó a la madre, sin tener en cuenta la opinión de Facundo.
-Ya sé, está en una etapa mala, señorita, pero a mí no me hace caso.
-¿Y el padre no tiene suficiente autoridad como para que lo escuche? - Pronunció esas palabras muy rápidamente, antes de arrepentirse.
-El padre murió.
Marisa se llevó las manos a la boca, como para reprimir un grito ahogado.
-Hace cuatro años que murió mi marido, en un accidente automovilístico. Era muy imprudente. En un tiempo se dedicaba a las carreras de autos. Se llamaba Facundo Santana, igual que el nene. Quizás lo haya escuchado nombrar.
Marisa no supo qué continuó diciendo esa mujer. Lo que sí supo, es que ahora, el pasado había muerto, que su vieja historia tenía, por fin, un cierre final. De golpe sintió como si el rencor se hubiese evaporado...
A un costado, el chico jugueteaba con el lápiz. Por primera vez, pudo acercarse sin prevenciones, y acariciarle la cabeza.

Comentarios

  1. Estela Andrea Rodríguez29 de marzo de 2024 a las 18:26

    Emotivo cuento. A veces, basta un segundo para que nuestros pensamientos cambien.

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  2. Excelente cuento!!! Una simple coincidencia puede alterar sentimientos que parecieran
    inamovibles 💕🌹💐

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