CARACOL

 



No es tu nombre, pero dejame llamarte Caracol. Porque como los caracoles, llevás tu casa a cuestas: esa valija llena de ropa... ropa que ya no usaban tus patronas, y te la regalaron a vos.
Para qué decir tu nombre. Los que dicen son tus ojos, mirando siempre cuatro paredes distintas. Los que dicen son tus sueños, soñados a cualquier hora del día. Los que dicen son tus manos, que a pesar de frotarlas con crema, tienen los dedos enrojecidos y las uñas quebradas.
Y tu historia, Caracol, la de siempre, la de las lluvias provinciales coladas en las gotas de tu rancho, la de la hija que tuviste a los quince años, que se quedó con tu madre, allá, en Gualeguay, que te espera para preguntarte cuándo vas a llevarla con vos para siempre. Porque pensás en eso, en encontrar un hombre que te acepte y ponga fin a tu deambular constante y triste.
Y las cartas de tu madre, con faltas de ortografía y letra despareja, donde dice que sientes cabeza, que tu hermano Carlitos ya trabaja en la hilandería, que a tu padre, a lo mejor, van a tener que operarlo, que la nena empezó a ir a la escuela, y que necesita unas botas de goma, porque cuando llueve, hay mucho barro y se moja los pies.
¿Y qué te pasa siempre? ¿Qué te pasa cuando te encariñás con la familia que servís con esmero, y que un día, la patrona te dice que te vayas?
Ponés las cosas en tu valija vieja, tu valija que es casa, techo y mundo, y te vas a la soledad, a acostumbrarte a otros nombres, otras paredes, otros cubiertos, otras voces... ¿Y el cariño? ¿Y el nene que cuidabas y el hermoso jardín de rosas? Todo se va muriendo dentro de vos, se va muriendo poco a poco, se va lavando con tu llanto, hasta quedar borroneado, como una foto que se veló y ya no puede mirarse.
Caracol... a pesar de tu cáscara, yo puedo ver tus heridas hacia afuera, brotadas como rosas, cicatrizadas y abiertas nuevamente, como una eterna primavera de dolor.
Hubiera querido acercarme, ponerte una mano en el hombro, decirte alguna palabra de aliento y de cariño... o pedirte perdón, por mí, por todos los que, a veces, no alcanzamos a entenderte...

Comentarios

  1. Es un triste y emotivo cuento, Esta historia puede darse en la vida real. Gracias por compartir.

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