LA TRIUNFADORA

Zulema llegó a su casa, cansada. Hoy había tenido  dos reuniones importantes, y por la noche, una cena en agasajo a un poderoso empresario.
-¿Cómo se resolvió aquel asunto?? - Preguntó María.
-Bien, llegamos a un acuerdo.
Zulema había puesto cuerpo y alma para crear una empresa, que desde hace veinte años, marcha sobre rieles.
María la admira, por su carácter, su personalidad, su afán de progreso, su lucha para alcanzar la meta propuesta.
Al igual que María, todos la ven como es desde afuera.
Una de esas mujeres fuertes que entiende de política, de negocios, de cambios, incluso de los ciclos repetidos y eternos de los pueblos que luchan por liberarse de tutelas.
Sabe muchas cosas, estudió años y años, vivió después perfeccionando lo que había aprendido y llegó.  
A una meta de triunfos, de éxitos, de dinero.
Entonces, los otros, que aún no llegaron, los que tal vez, no hicieron los esfuerzos que ella hizo, la envidian.
También la critican o la alaban, según sean los temperamentos de cada uno de los que la rodean.
Y casi ninguno la ve tal cual es por dentro. Con la profunda ternura que no se atreve a dar a manos llenas, con su miedo de quebrar la imagen de fortaleza que otros le han puesto, y que ella mantiene a costa de esfuerzos y renunciamientos.
Muchas veces, quisiera ser esa mujer anónima y agitada que sale a realizar las compras con sus hijos de la mano; otras una muchachita que, enamorada y valiente, trabaja para construir, junto al hombre que quiere, el nido de amor que los acoja..
Y, sin embargo, es nada más ni nada menos, una mujer que ha triunfado en su carrera. Tiene prestigio, dinero, posición, muchas cosas por las que la humanidad corre sin pausa. Ella inclusive.-¿Cómo se resolvió aquel asunto?? - Preguntó María.
-Bien, llegamos a un acuerdo.
Zulema había puesto cuerpo y alma para crear una empresa, que desde hace veinte años, marcha sobre rieles.
María la admira, por su carácter, su personalidad, su afán de progreso, su lucha para alcanzar la meta propuesta.
Al igual que María, todos la ven como es desde afuera.
Una de esas mujeres fuertes que entiende de política, de negocios, de cambios, incluso de los ciclos repetidos y eternos de los pueblos que luchan por liberarse de tutelas.
Sabe muchas cosas, estudió años y años, vivió después perfeccionando lo que había aprendido y llegó.  
A una meta de triunfos, de éxitos, de dinero.
Entonces, los otros, que aún no llegaron, los que tal vez, no hicieron los esfuerzos que ella hizo, la envidian.
También la critican o la alaban, según sean los temperamentos de cada uno de los que la rodean.
Y casi ninguno la ve tal cual es por dentro. Con la profunda ternura que no se atreve a dar a manos llenas, con su miedo de quebrar la imagen de fortaleza que otros le han puesto, y que ella mantiene a costa de esfuerzos y renunciamientos.
Muchas veces, quisiera ser esa mujer anónima y agitada que sale a realizar las compras con sus hijos de la mano; otras una muchachita que, enamorada y valiente, trabaja para construir, junto al hombre que quiere, el nido de amor que los acoja..
Y, sin embargo, es nada más ni nada menos, una mujer que ha triunfado en su carrera. Tiene prestigio, dinero, posición, muchas cosas por las que la humanidad corre sin pausa. Ella inclusive.

Comentarios

  1. Estela Andrea Rodríguez5 de agosto de 2023 a las 16:02

    ¡Muy bueno! A veces, para lograr el triunfo, hay que renunciar a cosas valiosas.

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  2. Es un cuento emotivo, aunque los hechos sean ficticios, pueden suceder en la vida real.

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