MI MADRE




Ayer me recibí de ingeniero agrónomo. Fue un esfuerzo que pude realizar exitosamente porque se me brindaron todas las condiciones para lograrlo. Mi madre me acompañó en largas noches de estudio, con su presencia, con sus tazas de chocolate humeante, con su sonrisa, con su beso dejado sobre mi cabeza, con una mirada, con el apretón de manos que me transmitía su fe.
Y como premio, mi padre, que es muy honesto, me confió su secreto y su pecado. Me pidió perdón, tuve un momento de sobresalto, y después, sentí algo de pena por él. Pudo haberme hecho mucho daño esa sinceridad que llegaba a mi vida después de veinticinco años, pero no me lo hizo. No, porque yo sé que ella se siente mi madre, y yo, su hijo. Esa es la única verdad y nada puede modificarla.
-Yo no te juzgo papá, yo te amo.
-Gracias, hijo.
Lo que papá me contó, ya no me interesaba. Lo que me importa ahora, es revivir la emoción de mi madre de siempre, de esa que conocí desde que abrí los ojos, esa que me arropó, me dio besos y veló mis sueños. Esa mujer maravillosa, que pudo amarme como si fuera de su sangre. Porque amar a sus propios hijos es natural, pero amar al hijo de otra, esa otra, que tuvo la pasión y el amor de su marido, es casi heroico. Creo que no puede haber otra mujer como ella.
Ahora estoy frente a ella y nos miramos, me tiende sus brazos y yo acudo y me dejo estrechar contra su pecho y recibo sus besos tiernos, maternales.
-Mamita - Murmuro, y tengo los sollozos apretados en la garganta.
-No llores Maximiliano.
-No mamá, aunque llore, no es de dolor, es de agradecimiento y de admiración por vos. ¿Cómo pudiste amarme? ¿Cómo pudiste ser tan generosa, tan buena, tan igual para ellos que para mí?
-Las madres aman a sus hijos. Si Dios me dio el don de tenerlos de mi sangre, ¿por qué no me daría el don de tenerlos también de mi alma?
-Pero yo lo soy de una mujer que intentó robarte el marido, al padre de tus hijos.
-Eso no lo sabemos ni vos ni yo, son cosas de la vida.
No dice más. Y todo vuelve a estar en su lugar, Ella, yo, nuestro amor, mi familia y el  mundo.
-Mamá, te admiro.
-Eso me gusta, pero prefiero que me quieras..
Nos abrazamos, y de pronto entran mis hermanos y me miran con cariño. Ellos no saben nada de lo que pasó hace veinticinco años. Cuando quedo solo, pienso en la mujer que un día ame. Sé que la buscaré parecida a mi madre, con esa enorme capacidad de amar, que la hace bendita.

Comentarios

  1. ¡Excelente cuento! Una madre que prodiga a un hijo ajeno, el mismo amor que a los suyos.

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  2. El amor de una madre a un hijo del alma es infinito e indestructible.

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  3. 🦋🌺 BELLÍSIMO relato...!!!
    El AMOR es el motor que moviliza la vida...!!!
    Sigamos sembrando AMOR...!!!
    FELICIDADES...!!! 🌺🦋

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