CON LAS CAMPANAS
-Podés quedarte en casa hasta que tengas el chico, pero después buscate otra casa. María agradeció íntimamente a la señora que no le hiciera reproches, pero dejó de mandar dinero al Chaco, juntó un poco, y con el otro poco, fue comprando ropita para el hijo. Cuando llegó la fecha, la señora le dijo que en ese hospital que conocía, muchas chicas se internaban hasta el momento del parto. Y María, acomodó sus cosas en un bolso y se fue de la casa, con ganas de llorar, pero callada, porque sus llantos siempre habían sido silenciosos, hacia adentro. Ahora estaba ahí, desde hacía cinco días, tendía su cama y ayudaba a las que estaban más pesadas para moverse. -Enfermera, ya empieza,- Anunció. -¿Qué sabés? ¿No es el primero? -Yo atendí a mi madre cuando tenía a los más chicos. -Mirá qué linda hora, va a ser a medianoche, justo para Navidad. Fue junto con el sonido de las campanas... Un llanto, un llanto de cristal y le creció una ternura, María lo oyó como salido de su sangre. Y, de repente, ...