LA CASA ROJA



Ariana no vendió la casa de sus padres cuando ellos fallecieron. Decidió alquilarla y con la renta pudo solventar el pago del alquiler de un pequeño departamento en Villa del Parque, el mismo barrio del colegio en que trabajaba, solo a tres cuadras del mismo. 
Lo que más le llamaba la atención era una casa roja, situada enfrente de su departamento. Por las mañanas, antes de que saliera hacia la escuela, un hombre de mediana edad salía de esa casa y regresaba al anochecer. Ariana nunca vio otro movimiento, la casa parecía deshabitada. Pero no era así, debido a que solía ver una tenue luz a través de la ventana. No solamente la curiosidad la embargaba, era algo más profundo, un sentimiento, tal vez, que ni ella misma era capaz de descifrar. 
Y así fueron transcurriendo los meses, siempre observando aquella casa al regreso de su trabajo. Un día, volvió más temprano de la escuela, debido a que, con sus alumnos, había realizado una excursión al Congreso de la Nación. Antes de entrar a su departamento, a las tres de la tarde, Ariana miró hacia la casa roja. Pudo observar, a través de la ventana, la silueta de una mujer sentada, con la cabeza gacha. La puerta estaba entreabierta, lo dudó un instante, luego se decidió y entró. Atravesó el pasillo y lentamente se dirigió hacia la habitación. Una adolescente lloraba silenciosamente tapándose la cara con las manos. Estaba en una silla de ruedas. Ariana la vio tan desvalida, se aproximó y la abrazó ¡qué joven era! y con los ojos humedecidos dijo con voz ahogada.
-¡No llores más!, yo estoy aquí.

Comentarios

  1. Un cuento con final abierto, muy bueno. Gracias por compartir.

    ResponderEliminar
  2. Me gusta el cuento, deja preguntas sin resolver, dando pie a distintas interpretaciones.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

TU NOMBRE ES VIOLETA

9 DE JULIO

EN POSITIVO