TU NOMBRE ES VIOLETA
Tu niñez transcurrió unida a mi niñez aristocrática, y llegada la adolescencia, te amé por sobre todas las barreras sociales. Tus ojos brillaban más violetas que nunca. Comenzaste a ser mujer y a enredarte en el juego del amor que mis ojos te proponían, deslumbrados por tu nueva imagen. Y una tarde te besé rodeando con mis manos el arco de tus caderas bien formadas. Temblaba y temblabas en un anhelo de cuerpos juntos, de nuevos besos, de nuevas ansiedades. Fuiste mi primera novia, Violeta. Y transcurrió un año, el año en que falleció mi padre. Nuestra antigua casona se vistió de duelo. Debí asumir otras obligaciones y partir lejos, muy lejos. Te escribí, noviecita... hasta que creí olvidarte. Ya era definitivamente un hombre, y estaba entregado a placeres muy distintos a los que compartíamos. Pasé muchos años de vida bohemia, hasta que me casé con una muchacha que encajaba perfectamente en el cuadro familiar, y sabía que no disgustaría a mi madre. No volví a la casa de mi infancia....