CENIZAS AL VIENTO



Hoy, después de tantos años, por fin me atreví a cruzar la puerta de esta habitación. Fue como si diera un salto en el tiempo. Un retroceso a las épocas felices en las que llenabas la casa con el sol de tus risas y tu alegre corretear por el pasillo...
La vida sigue, a pesar de nuestro egoísmo de padres, los hijos crecen y nos desbordan, nos hacen viejos e inútiles, y nos dejan como a los muñecos, colgados en las paredes de los años.
Estoy muy solo, hija mía. Sí, a pesar de todo, sigues siendo mi hija. No importa qué clase de sangre corra por tus venas, aún a pesar tuyo, eres mía. Porque el derecho a llamarse padre no es un producto de un mero accidente, de un hecho circunstancial. Se gana día a día. Eres mi hija porque yo te acuné entre mis brazos sintiendo los latidos de tu pequeño corazón.
Nunca tuve problemas con tu madre, nos comprendíamos demasiado como para tener diferencias.
Ella, que me trajo a tu existencia, para darte un padre, partió de este mundo al final del verano.
Fue tu casamiento con Ricardo, lo que me llamó a la realidad. Siento que no era el hombre para vos. Un rechazo de piel, sin posibilidad de otras justificaciones. 
Claro que un padre no puede decidir sobre la felicidad de sus hijos. Reconozco que nadie es absolutamente bueno o malo. No quise poner trabas a tu felicidad, No fue por egoísmo, sino porque yo te había dado lo mejor de mi vida, y quería apartar todas las espinas de tu camino.
El golpe llegó cuando menos lo esperaba. Posiblemente haya sido Ricardo quien te indujo a hacerlo. Los jóvenes no conocen la piedad, menos cuando son ambiciosos y decididos. Como era él, que te llevó a Europa.
No esperé nunca que lo hicieras de esa manera. Golpeando donde más me iba a doler. Cuando me gritaste que no tenía derecho alguno sobre vos, porque no era tu padre. Es cierto. Tenés razón.
Ya no tiene objeto lamentarse. Pude haberle dado a tu madre un hijo mío, no de mi alma, sino de mi sangre, y jamás quise hacerlo. Para no robarte, ni siquiera, una parte de ese amor de padre que te correspondía. 
Ahora, ya no queda tiempo para nada. Cómo quisiera saber en este momento dónde estás, para decirte que te necesito... Gasté un dineral tratando de que alguien te encontrara, y que te dijera que tu cuarto está igual que siempre,..
Tu madre se fue sin una queja, ella no quería dejarme, pero su corazón estaba muy gastado, no le fue posible resistir.
Y aquí estoy, otra vez, en tu cuarto, llorando como un chico. Donde estés, espero que al menos, seas feliz, hija mía.

Comentarios

  1. ¡Excelente! Lamentablemente, la historia que narra el cuento, puede causar un profundo dolor, tanto a los padres del alma, como a los biológicos

    ResponderEliminar
  2. 🌹🌷 La falta de reciprocidad en el AMOR familiar es una INGRATITUD imperdonable...!!!
    Recibir AMOR implica la necesidad de DAR AMOR...!!! El que no agradece ni da AMOR es alguien incapaz de valorar al que le dió su CORAZÓN...!!!! 🌷🌹

    ResponderEliminar

Publicar un comentario