NO ES FÁCIL
Mi hermana Estela me encontró esa mañana. Ella avisó a mamá y papá, y papá me llevó en el auto hasta el hospital más próximo. Cuando abrí los ojos, vi sus tres rostros azorados y pálidos, los ojos enrojecidos de haber llorado tanto, las manos temblorosas acariciando mi cara. Me dolían las agujas del suero en el brazo, llegaban a mis oídos las palabras de los médicos y las enfermeras. Primero sentí asombro, después, un gran cansancio, y finalmente, miedo. Miedo de apagarme como una llama amarilla de una velita de cumpleaños. Pasaron dos días hasta que desapareció el peligro. De golpe, de repente, había crecido. Una niña tonta, absurda, egoísta y malcriada que pensaba solamente en ella, había muerto dos días antes. La que volvió a la vida era una mujer. Esta mujer que puede mirar de frente al ancho camino que la espera, adelante... con espinas, llantos y desilusiones, con pérdidas y fracasos; pero también, con una tímida flor de esperanza, con el afecto de los que la quieren y l...