LAS OTRAS HISTORIAS
-Yo sabía que un día iba a encontrarte, que ibas a llegar a mí, Emilia. - Dijiste, Matías. Nos presentaron unos amigos. Era nuestro tercer encuentro. Caminamos hacia Retiro. Un barco con las luces encendidas en el puerto, parecía un árbol de Navidad, o la vidriera de una juguetería. Esta vez, siento que todo es nuevo, como para los ojos de una niña que ha nacido hace poco. Las campanadas del reloj de la Torre Monumental dando las ocho. La noche derramándose como un tintero roto, vos, clavándome las uñas en la palma de mi mano, y yo, sintiendo que ese dolor alegre me curaba todas las heridas anteriores, dejándome entera y luminosa, como esa luna, que alumbra apenas los senderos de las plazas de Retiro. Dos pasos y un abrazo. Dos pasos y un beso. Dos pasos y una risa sin ton ni son. Y a cada paso, cada vez menos miedo, más lejanas las tristezas. Si ésta fuera una historia así, sin antes, sin otras dos historias convergiendo como dos ríos en un mismo mar, yo podría creer en vos, Matía...