CENIZAS AL VIENTO
Hoy, después de tantos años, por fin me atreví a cruzar la puerta de esta habitación. Fue como si diera un salto en el tiempo. Un retroceso a las épocas felices en las que llenabas la casa con el sol de tus risas y tu alegre corretear por el pasillo... La vida sigue, a pesar de nuestro egoísmo de padres, los hijos crecen y nos desbordan, nos hacen viejos e inútiles, y nos dejan como a los muñecos, colgados en las paredes de los años. Estoy muy solo, hija mía. Sí, a pesar de todo, sigues siendo mi hija. No importa qué clase de sangre corra por tus venas, aún a pesar tuyo, eres mía. Porque el derecho a llamarse padre no es un producto de un mero accidente, de un hecho circunstancial. Se gana día a día. Eres mi hija porque yo te acuné entre mis brazos sintiendo los latidos de tu pequeño corazón. Nunca tuve problemas con tu madre, nos comprendíamos demasiado como para tener diferencias. Ella, que me trajo a tu existencia, para darte un padre, partió de este mundo al final del vera...