ÁRBOL DE NAVIDAD
Hoy, en un día destemplado y lluvioso, pienso en cosas lejanas, sumergidas en un rincón del recuerdo. Miro, a través de la ventana de la cocina, los árboles del terreno del fondo de casa y los del parque lindante. Y observándolos, aunque faltan varios meses para Navidad, acuden a mi memoria los dos hermosos árboles naturales que armaba cada año, siempre con una enorme y tupida rama de algún pino y otra más pequeña. Eran de hojas perennes, y podían dejarse en el patio. Insertaba tutores, en ambas latas, para mantenerlos derechos; luego las embellecía con coloridos paisajes navideños. Por ser plantas de exteriores, no se mantenían dentro de la casa. Los distintos tipos de pinos (no tan espesos como los abetos), eran muy bonitos, y permitían una mayor profusión de adornos. Se mantenían frescos hasta el seis de enero, fecha en que nos visitaba nuestra querida e inolvidable madrina Felisa (siempre presente en nuestros corazones), cargada de regalos para mi hermano y para mí. Llue...