LA SEÑAL
A pesar del descontento de sus padres, Andrea, luego de recibirse de bachiller, a los 17 años, se radicó en el sur para seguir la carrera de biología marina. Era hija única y sus padres no deseaban que, a temprana edad, se alejara de ellos por cinco años. Les parecía demasiado tiempo, consideraban que podía elegir cualquier otra carrera en la Universidad de Buenos Aires, en la del Salvador, o en otro Centro de Estudios de la Ciudad de Buenos Aires. Dialogaron mucho al respecto, pero Andrea había tomado una determinación y decidió seguir su vocación. Se había trasladado al sur hacía un año, asistía a la facultad por la mañana, y por la tarde trabajaba, tres veces por semana, en una biblioteca. Vivía en una pensión, junto a otras estudiantes. Tenía una buena relación con ellas, especialmente con Fernanda, pues además de ser su compañera de estudio, era su amiga. Ambas cursaban el primer año de la misma carrera. En el transcurso del año, escribió cuatro cartas a sus padres, pero no obtuv...